Veganismo: amor, respeto y justicia

Por: Estefanía Aparicio Díaz

Desde pequeña he tenido un sentimiento, que nunca ha podido competir con nada: el amor  por los animales. Tal vez sea por eso que soy vegetariana. O quizá no. Antes de empezar a definir que es el veganismo y todo lo que conlleva, quiero contarles como inicié con esto de la liberación animal y mi nueva forma de vida.

Cuando tenía nueve años observé accidentalmente como maltrataban a un cerdito y desde ese momento quedé marcada para siempre. Nadie me había explicado de donde llegaba realmente la carne que comía porque nuestra relación con los animales es fría e inhumana. Compramos carne empaquetada y sin sangre; el carnicero se mantiene a puerta cerrada, el matadero no tiene ventanas. Sabemos que la máquina del matadero está en movimiento constante pero no tenemos el estómago para ver la sangre en los engranes. ‘Todo está bien, mientras no piense en ello.’ Pero este no fue mi caso.

Surgió un momento en el que medité  “la carne no cae en nuestros platos por obra del cielo, ni los animales que nos comemos son muertos porque así ellos lo quisieron”, entonces me volví vegetariana.

 Esto no sucedió en el mismo año en el que observé tan asqueroso acto, sino cuatro años después, cuando tenía trece años. Pero lo que si ocurrió fue que ese “pequeño” hecho me hizo abrir los ojos y empezar a investigar sobre lo que muchos consideran un acto natural: la esclavitud animal.

¿Por qué no me convertí en ese mismo año? No lo recuerdo; pero supongo que fue  por la presión de mis padres y porque no sabía que podía vivir siendo vegetariana. En esos años no conocía nada acerca del vegetarianismo o la liberación animal, y mucho menos del veganismo.

En cuanto tuve acceso al Internet, indagué y descubrí una página que luchaba por el trato ético de los animales y apoyaba el vegetarianismo. Ahí ví un video que no me permitió seguir viviendo en la mentira y me hice vegetariana. De hecho, si los mataderos tuvieran paredes de cristal, todos seríamos vegetarianos.

Al principio mis padres se oponían y tuve que luchar por mi decisión.  A la fecha, mucha gente me critica y me trata de convencer, pero yo no soy la que debe cambiar, son ustedes. Todos aquellos que siguen comiendo carnes, ya sean rojas o blancas; aquellos que comen huevos, leche, queso… las personas que siguen pensando que el circo y el zoológico son entretenidos, que la tauromaquia es un arte y especialmente aquellos que creen que un animal vale menos que un humano sólo porque son “diferentes” físicamente a nosotros.
Muy bien, ya les conté mi historia y ahora les explicaré lo que es el veganismo. ¿Quién ha escuchado la palabra vegetariano? Supongo que la mayoría, pero y ¿vegano? No creo que muchos. Entonces empecemos describiendo veganismo.
El veganismo es el modo de vida que se opone a la esclavitud, explotación y muerte de cualquier animal no humano y que excluye el consumo de cualquier producto animal por el simple hecho de que todos somos animales y merecemos respeto. Los veganos no consumimos leche, huevo, queso, miel, gelatina… tampoco asistimos a circos, zoológicos, corridas de toros, ni a cualquier “celebración” que incluya a éstos. De igual forma no utilizamos sus pieles, plumas… y rechazamos todos aquellos productos que han sido probados en ellos.
Eres vegano cuando dejas de mirar la realidad desde tu punto de vista, y la ves desde los ojos de todos aquellos que sufren diariamente para satisfacer nuestros caprichos.
En todos estos años he conocido personas que dicen amar a los animales con todo su corazón y que no son veganas, ni siquiera vegetarianas. Eso me hace enojar y les pregunto que cuál es la razón. Casi siempre me contestan que porque no es sano ser vegetariano, que no pueden vivir sin la carne, que es muy sabrosa y demás expresiones semejantes. ¡Tonterías! Nadie necesita comer productos animales y no los consumes por sobrevivir, sino por tradición y gusto.
¡Cuántas veces he escuchado la frase de ‘¿No te aburre comer sólo verduras?’! Ser vegano no es comer sólo verduras, puedes comer todo lo que desees, desde pizzas hasta hamburguesas, sólo tienes que cambiar aquellos alimentos que provengan de un animal.  Es fácil, lo único que debes hacer es informarte y quererlo. Según la Asociación Americana de Dietética y la Asociación de Dietistas del Canadá "una dieta vegana bien planificada es apropiada para todas las etapas del ciclo vital, incluso durante el embarazo, la lactancia, infancia, niñez y adolescencia." Si crees realmente que la carne y los derivados de los animales son esenciales en tu dieta, debes investigar un poco más al respecto.
No, mis zapatos no son de cuero; tampoco tengo sábanas de seda y mucho menos abrigos de piel. Respecto a la vestimenta creo que es  fácil ser vegano, ya que podemos prescindir del cuero, la lana, el terciopelo… Hay tantas fibras que no tienen ninguna relación con los animales, que me pregunto ¿por qué cubrirnos con piel? Mi respuesta es sencilla, la gente que usa pieles cree que traer cadáveres colgados les da un status, pero la verdad es que aquellos que los usan, son personas sin sentimientos que no logran entender que nosotros podemos guarecer nuestros cuerpos con otros materiales. La crueldad es una faceta de la moda, sin la que todos podemos vivir. 
  Wagner dijo: “Si los experimentos en animales fueran abandonados por motivos de compasión, la humanidad habría hecho un avance fundamental.” Todos los descubrimientos científicos manchados con sangre inocente presentan incongruencia. No es necesario experimentar con animales, es tan cruel  y tan estúpido que no entiendo como no hay una ley que lo prohíba. Quizá se deba a que nuestro progreso moral es diminuto. Dejar de usar el champú de moda en el cual hay sufrimiento animal de por medio, nos vuelve más éticos.
El último punto que trata el veganismo es el entretenimiento. ¿Por qué llamamos diversión a matar una criatura que estaba viva cuando despertó? Nunca entenderé el  placer que puede causar a un hombre de cultura el que un animal sea asesinado. Un torero no es más que un asesino por vocación y la tauromaquia no es ningún arte, es tortura. Si no fuese por el castigo físico y el miedo a sus opresores los animales jamás serían parte de un circo.
Para finalizar,  los animales no están en este mundo para nuestro uso y les debemos justicia y respeto. Para que una sociedad deje de llamarse primitiva debe desechar actos éticamente reprobables, sustentados en la tradición, la ignorancia o el lucro; y cuyas víctimas directas son miles de millones de animales no humanos. No les pido que den la vida por los animales, tampoco que luchen por ellos, lo único que pido es que los respeten y esto se logra si dejamos de darles un trato de esclavos.